encubierta salvame

Programa de radio de máxima audiencia, su locutora que tiene gran repercusión informativa está comentando noticias de actualidad con un elenco de tertulianos, y de repente, sin aviso, sin ni siquiera una pausa, con el mismo tono informativo del programa, recomienda el acudir a un determinado despacho de abogados. Partido de fútbol televisado en directo, el locutor en mitad del juego nos informa de cómo están las apuestas deportivas de los partidos en una determinada casa de apuestas. O en otro partido televisado, el locutor lanza un mensaje de autopromoción sobre la película o la serie televisiva que se va a emitir a continuación en dicha cadena. Se lee en un periódico lo que aparenta ser una noticia sobre salud y determinadas operaciones quirúrgicas, hablando de un concreto centro de salud. Recibimos en cualquier red social un mensaje de un comerciante directamente o de un usuario indirectamente que nos pide un click en me gusta un determinado bar o restaurante.

 En todos estos casos y en otros muchos del mismo estilo que cada día que pasa se van extendiendo y empiezan a ser una constante en todos los medios, el consumidor puede no discernir que está ante un mensaje publicitario creyendo que son consejos de los informadores y por tanto les otorgan una credibilidad mayor que si de simples mensajes publicitarios se trataran. O en caso de las redes sociales los perciben como meros mensajes de amigos de redes sociales.

 Al respecto, el consumidor no procesa de la misma forma un mensaje publicitario, del que percibe detrás un interés económico del anunciante, y por tanto, procesa con cautelas, que un consejo de un informador que no percibe como publicidad sino como un consejo informativo de una persona a la que además, como ocurre normalmente con los locutores de la radio o televisión, le otorga cierta credibilidad, y que procesa como un consejo creíble.

 La protección al consumidor está prevista en la Ley y la obligación legal de los medios de comunicación es identificar claramente los mensajes publicitarios, distinguiéndolos de la información. El no hacerlo, por ser contrario a la protección de los consumidores o destinatarios de la publicidad, está previsto como una infracción de los medios. Y además, con respecto a los competidores suponen un acto de competencia desleal de los anunciantes en cuyo favor se efectúan estas prácticas encubiertas. Ello, por supuesto, incluye los mensajes encubiertos en redes sociales.

 La invasión mediática es cada vez mayor y la publicidad no es ajena a ello,  buscándose las maneras más efectivas de vender. Pero las actuales leyes deberían ser suficientes para evitar los mensajes comerciales encubiertos. Y si tenemos en cuenta la proliferación de estas prácticas comerciales encubiertas, y la previsión legal de que no pueden hacerse, la conclusión a la que llegamos es que no se persiguen ni sancionan debidamente, quedando el consumidor expuesto a la actual desprotección que se produce en la práctica.