La ley de Comunicación Audiovisual prohíbe subir el volumen del sonido cuando se inserta publicidad,  por lo que  cabe preguntarse por qué es habitual que en todas las cadenas de televisión se perciba por el espectador un aumento del volumen del sonido cuando se pasa de un programa a la publicidad.

La explicación reside en que la norma establece que la publicidad no puede superar la media del volumen del programa que le precede. Ello, en pura lógica, supone que si el programa se corta en un momento de volumen muy por debajo de la media del programa, la publicidad que se emite a continuación con un volumen medio del programa, se percibe a un volumen mucho más alto por el espectador. De esta forma, la regulación consigue un efecto contrario al que se busca.

Los defensores de la norma la fundamentan en que si se estableciera simplemente que no puede subirse el volumen con respecto al momento del corte del programa precedente, no podrían cortar programas en un momento de silencio o de volumen muy bajo, que es el momento natural en la mayoría de los casos para interrumpir un programa, sin que se menoscabara con ello  la estructura del programa o se cortara en un momento álgido del mismo.

En conclusión la práctica es legal, pero es evidente que la norma no satisface la finalidad que busca.